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01 de noviembre, 2009

Cincuenta años de estudiar y difundir los principios éticos, económicos y jurídicos de la sociedad libre.

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CEES

En 1958, preocupados porque en Guatemala nadie le ponía atención a los problemas que habrían de tener consecuencias a largo plazo, el Dr. Manuel Francisco Ayau Cordón y Ernesto Rodríguez Briones decidieron fundar el Centro de Estudios Económico-Sociales –CEES–, con el objeto de estudiar y difundir los principios éticos, económicos y jurídicos de la sociedad libre. Siete amigos integraron el grupo fundador: Alejandro Arenales C., Manuel F. Ayau Cordón, Antonio Aycinena, Imrich Fischmann, Enrique García Salas, Enrique Matheu y Ernesto Rodríguez Briones.

Posteriormente se sumaron como miembros Carlos Springmuhl, Hilary Arathoon, Ulysses Dent, Antonio Nájera S., Estuardo Samayoa y Félix Montes. Las primeras sesiones se celebraron en un local de la zona 4, de la ciudad de Guatemala, donado por Eduardo Cabarrús.

Ese inicial grupo de estudiosos de la libertad estaban convencidos de que, a largo plazo, las ideas gobiernan, y de que, si Guatemala esperaba gozar de prosperidad pacífica, sin opresión de grupos ideológicos, era necesario que un grupo selecto de personas influyentes entendieran con la mayor claridad la organización de la sociedad libre, y llegaran a tener la convicción y el coraje para defenderla.

Por entonces –finales de los años cincuenta– la avalancha de ideas socializantes era abrumadora y el mundo se encontraba en plena guerra fría. El grupo que acababa de fundar el CEES consideraba que tales ideas estaban influyendo en personas bienintencionadas, que desde la política, el clero, la academia, las letras, etc., eran víctimas involuntarias de diversas formas de racionalización, que se presentaban como teorías sólidas, modernas y, sobre todo, como si su prevalencia permanente fuera ya inevitable. Todo ello, según las reflexiones y comentarios de los miembros del CEES, terminaría destruyendo toda oportunidad de lograr un progreso pacífico, lo mismo que la libertad individual, considerado no sólo el principal de los derechos humanos, sino la base misma de todos los demás. Así se pone de manifiesto en el marco filosófico del CEES, cuyas líneas maestras suenan como sigue:

Los esfuerzos del CEES están encaminados a lograr un mundo cada vez más libre –en el que prevalezcan el respeto a los derechos individuales y la responsabilidad personal– y una Guatemala cada vez más orientada por esos valores e integrada en ese mundo.

El trabajo del CEES estará siempre inspirado en esta Declaración de Principios:

  1. Son derechos fundamentales de la persona la vida, la libertad, la justicia y la propiedad privada.
  2. La base fundamental de la armonía en las relaciones humanas radica en los principios morales del cristianismo, y no sólo en el estricto cumplimiento de la ley.
  3. El goce de la libertad económica de la persona es requisito indispensable para poder ejercer plenamente las otras libertades.
  4. Mantener y fomentar el sistema de libre empresa es el medio más eficaz para elevar el nivel de vida de los pueblos.
  5. El estímulo más fuerte y más eficaz para obtener la abundancia colectiva es garantizarle a las personas el disfrute total e indiscriminado de los frutos de su esfuerzo.
  6. Las personas mejorarán de condición sólo en la medida que su trabajo beneficie o sirva a los demás, y en relación directa con su productividad.
  7. La permanente abundancia es resultado de la suma continua de los esfuerzos individuales.
  8. El pueblo consumidor únicamente puede gozar de su soberanía en una economía libre, porque, al ejercer su voluntad, escogiendo los productos que más le convienen, determina las inversiones y fuentes de trabajo que deben prevalecer.
  9. La función del Gobierno debe limitarse a ejercer la autoridad que la ley le confiere, para garantizar el ejercicio de sus derechos a los ciudadanos, y nunca debe inmiscuirse en actividades que corresponden sólo a la iniciativa privada.

Las labores del CEES, impulsadas por el propio grupo fundador, fueron fructíferas. Primero, el esfuerzo del aprendizaje autodidacta y las traducciones del inglés al español, de una serie de libros clave, obligaron a sus miembros a estudiar. En las reuniones semanales, leían y analizaban la obra Teoría e historia, de Ludwig von Mises. Las esposas de los fundadores también se reunían por su cuenta, para luego cenar y discutir las lecturas escogidas o asignadas. En 1959, durante una estancia en México, el Ing. Ernesto Rodríguez B. tuvo la oportunidad de conocer a Agustín Navarro, del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, fundado por él y por el Lic. Gustavo Velasco. Por ellos, los entonces miembros del CEES tuvieron noticia del Foundation for Economic Education –FEE–.

En la misma época se conocieron el Dr. Manuel F. Ayau C. y Ulysses R. Dent. La afinidad de ideas y la compatibilidad de caracteres hizo que surgiera entre ellos una fuerte amistad. Ambos eran autodidactas en lo que se refiere a las ciencias sociales. En esa época, Ulises Dent tenía una amplia biblioteca y era un devora libros. Tenía también las ideas sumamente claras, pero, más que todo, en cuanto a la libertad individual, era totalmente intransigente. Ingresó al CEES y la pequeña institución se consolidó, tanto intelectual como operativamente. Por entonces, algunos de los miembros originales habían renunciado a la directiva, y solamente quedaban Antonio Aycinena y el Dr. Manuel F. Ayau C.

Conviene recordar que la postura del CEES (contra el Impuesto sobre la Renta, el salario mínimo, la protección arancelaria, el control de cambios en que se funda la Ley monetaria, etc), era considerada sumamente radical aún por la gente de “derechas”, no solamente en Guatemala, sino en todo el mundo. En ese momento estaban de moda el keynesianismo, el desarrollismo, la sustitución de importaciones mediante la protección arancelaria o de fomento, la “justicia social”, la economía mixta, y toda clase de propuestas ante las cuales prevalecía una aceptación general o, al menos, cierta condescendencia.

También las posiciones a favor de la libertad eran sumamente controvertidas, especialmente porque el grupo inicial, que estaba aprendiendo, no tenía las respectivas ideas completamente claras. A medida que el propio quehacer del grupo obligaba a tomar una posición ante el creciente número de asuntos, las divergencias entre sus miembros causaron cambios en su propia integración.

El Dr. Manuel F. Ayau C. y Ulysses R. Dent asistieron a un seminario del Foundation for Economic Education –FEE–, donde se sintieron como en casa. El apoyo intelectual y moral recibido de muchos destacados intelectuales daba ánimos y seguridad a los miembros del recién fundado CEES.

La primera conferencia que el CEES organizó tuvo lugar en el teatro GADEM, el 20 de diciembre de 1961. El Dr. Artur W. Margit, economista famoso por su libro Teoría de precios, habló sobre el error de una barrera arancelaria en torno del futuro del Mercado Común Centroamericano. Hubo un prolongado intercambio de argumentos con el Dr. Alberto Fuentes Mohr, economista de tendencia socialista y principal arquitecto del Mercado Común Centroamericano.

Los miembros del CEES produjeron por esa época un programa diario de radio y publicaron una columna semanal en El Imparcial. También publicaban algunos artículos firmados en otros periódicos en Guatemala. Asimismo, con mucho entusiasmo y poco dinero, organizaban seminarios y programas de televisión, obteniendo con ello grandes satisfacciones.

Hilary Arathoon jugó un papel muy importante en todas las actividades del CEES. Era un hombre sosegado, pensador profundo, siempre de buen carácter y amigo de escribir. Su personalidad se complementaba con la del Dr. Manuel F. Ayau C. y entre ambos existía un sano equilibrio. La labor del CEES fue asistida económicamente durante algunos años por la Friedrich Naumann Stiftung, que patrocinó viajes de estudio a Alemania, en una ocasión a Hilary, y después a Félix Montes y al Dr. Manuel F. Ayau C. En esos viajes planearon la visita a Ludwig Erhard,[1] miembro de la Sociedad Mont Pelerin, que después viajó también a Guatemala.

El Liberty Fund ayudó financieramente a la realización del viaje de Erhard, que después viajó a EE. UU., para dictar una conferencia en Indianápolis. Al principio no quería ir. Pero tuvo que hacerlo, porque el Dr. Manuel Ayau no estaba seguro de que el CEES pudiera conseguir los fondos para los cuatro pasajes en primera clase que requería el grupo del Dr. Erhard, lo cual incluía un traductor, una secretaria y un guardaespaldas. Al final, la gira del Dr. Erhard incluyó México, Guatemala, El Salvador y Venezuela. Esta visita a Guatemala le dió al CEES un gran prestigio.

En esa década –los años sesenta del siglo pasado– se invitó a otras personalidades destacadas en el mundo a visitar Guatemala. Entre ellas están –por señalar solo algunas– el Profesor Ludwig Von Mises, el Dr. Leonard Read, el Dr. Benjamín Rogge y el Dr. Henry Hazlitt, autores que actualmente se consideran clásicos.

También visitaron Guatemala, para dictar conferencias por invitación del CEES, el Dr. Friedrich von Hayek y Milton Friedman, que después fueron honrados con el Premio Nóbel), William H. Hutt, Norman Bailey, Gottfried Dietze, Gustavo Velasco, Agustín Navarro, Dean Russell, Hans Sennholz, Gottfried Haberler, Israel M. Kirzner, Ramón Díaz, Max Thurn, Álvaro Alzogaray, Rev. Daniel Lyons, Dean Clarence Manion, Bárbara y Arthur Shenfield.

Casi desde el comienzo, el CEES publicó un folleto bimensual, cuya selección implicaba leer la revista The Freeman y cuanto material sobre la libertad se podía conseguir, que en esos tiempos, por lo general, no era mucho. Se leían y discutían, antes de publicarlos, los temas que se consideraban más importantes, y lo normal era que hubiera que traducirlos.

En 1968 eran directores del CEES, por orden alfabético y con fecha de ingreso: Hilary Arathoon (1965), Antonio Aycinena (1958), Ulysses R. Dent (1963), Félix Montes (1968), Estuardo Samayoa (1965) y el Dr. Manuel F. Ayau C. (1958). En la década transcurrida desde su fundación, varios de sus directores habían sido invitados a ingresar en la Sociedad Mont Pelerin, que por entonces tenía socios en treinta y nueve países. La gran mayoría de sus miembros eran, y siguen siendo, profesores, escritores o afiliados a instituciones educativas. De esa interrelación y contacto constantes entre miembros del CEES y la sociedad Mont Pelerin surgió la idea de fundar la Universidad Francisco Marroquín –UFM– en Guatemala, sueño que se convirtió en realidad en 1971. Hoy esta universidad sigue siendo única en el mundo, y durante más de tres décadas ha formado en la filosofía de la libertad a quienes asisten a sus aulas.

A través de los años, el CEES ha hecho recomendaciones atinadas, con base en principios y en un diagnóstico realista de la situación guatemalteca. Además, es una entidad generosa, que ha nutrido valiosas iniciativas, pues, aparte de haber sido el motor para que se fundase la UFM, también ayudó a fundar instituciones como el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), la Asociación por el Poder Local (APOLO), y otras. Sin el CEES, Guatemala sería un país distinto.

Incluso hay anécdotas de eminentes liberales a nivel internacional, que reconocen que, en un momento dado, la lectura de algún Tópico de Actualidad llegado a sus manos los puso en la senda de los principios que tienen la libertad como fundamento y como destino.

La publicación bimensual y mensual después de estos “tópicos” ha sido la más popular herramienta del CEES, por su eficaz diseño. En sus inicios, el folleto cabía en un bolsillo del saco y se leía de corrido.[2] Se tradujeron al español pasajes de libros clásicos y se escribieron artículos sobre asuntos nacionales. El tiraje llegó a superar los diez mil ejemplares y la publicación se distribuía hasta en remotas aldeas de Guatemala. Muchas personas conocieron las ideas sobre la libertad por esta vía. En sus páginas vieron la luz innovadoras propuestas sobre impuestos, políticas laborales, justicia, propiedad y otros asuntos. Nunca se dejó de incluir el lema por la libertad individual de producir, consumir, intercambiar y servir sin coerción ni privilegios. ¡La reflexión que implica este lema ya es ganancia! Completamente digitalizada, la colección sigue siendo todavía un invaluable recurso didáctico.

La lucha por la libertad nunca ha sido fácil, pero fué durísima en las décadas de los 60 y los 70, cuando predominaban las ideas proteccionistas de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y del Estado benefactor, así como del marxismo-leninismo subversivo. Los directivos del CEES fueron personas recias, constantes y valientes, que asumieron incluso el riesgo de morir en la defensa de los principios que posibilitan la coexistencia pacífica de los seres humanos. Estamos en deuda con ellos, por su edificante ejemplo, su rectitud de intención y las semillas de libertad que sembraron y que todavía siguen dando fruto.

Hay que recordar el valioso apoyo de Daisy C. de Prentice, que durante más de cuatro décadas estuvo a cargo de la administración del CEES,[3] y que para generaciones de amigos de la libertad era la “tía Daisy”. Varios directores actuales del CEES y muchos de nuestros lectores recordarán con cariño las bromas que les hacia, cuando les recordaba, por ejemplo –refiriéndose a su juventud–, los días en que llegaban con pantalones cortos.

Hoy el CEES se ha integrado a la era digital, con la publicación del Tópico de Actualidad en forma digital,[4] celebrando seminarios[5] y participando activamente en Facebook. También dispone de una librería de libros especializados que están a la venta, en los que se analizan distintos aspectos de la realidad mundial, desde el enfoque propio de la filosofía de la libertad.

Los miembros y simpatizantes del CEES se reúnen actualmente dos veces por semana: los lunes, los directores y algunos amigos invitados; los viernes, un grupo de jóvenes, estudiantes en distintas universidades del país. En ambos casos, los tópicos son siempre aspectos de la realidad cotidiana, el enfoque se hace desde los principios de la libertad, y el ambiente es de total confianza y camaradería. Lo mismo que lo hicieron, ¡hace ya cincuenta años!, los iniciadores, preocupados por la libertad individual de producir, consumir, intercambiar y servir sin coerción ni privilegios.

 

Bibliografía:
Revisión de archivos del CEES y el libro Memorias sobre la fundación de la Universidad Francisco Marroquín, de Manuel F. Ayau C.

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