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Tópico de Actualidad octubre 2009

De CEES

Año L. Octubre del 2009. No.981

Nota de la editora Para celebrar los sesenta años de la publicación de La Acción Humana, obra magistral de Ludwig Von Mises, la revista The Freeman publicó este artículo de Israel Kirzner. thefreemanonline.org. Es excelente. En él se nos ayuda a todos a contextualizar el tiempo y el momento en los que Mises escribió. Para el CEES ha sido un gusto traducirlo y ponerlo al servicio de nuestros lectores. Traducido por. Jessica Paduán.


La Acción Humana, 1949: Un acontecimiento extraordinario en la historia del intelecto.

Por Israel M. Kirzner

Tomado de la revista The Freeman [1] • Septiembre 2009 • Volumen: 59 • Número: 7. T


Se ha dicho que un libro excelente es como un gran castillo. Puede verse desde diferentes ángulos, cada uno de los cuales ofrece una perspectiva única. Ver la obra monumental de Ludwig von Mises desde la perspectiva del 2009 permite observar con gran claridad un aspecto fascinante de dicha obra y el profundo significado de su aparición en el momento preciso. Se trata de un tema que, a través de los años, he abordado más de una vez. Me asiento agradecido por esta nueva oportunidad de hablar sobre el mismo con más detalle.

Hace alrededor de 13 años –en mayo de 1996, cuando se celebraron los primeros 50 de servicio público con la espléndida contribución de la Foundation for Economic Education–, pensé mucho en el papel crucial desempeñado por la FEE al mantener siempre izada la bandera de la economía austriaca, y sobre todo al proporcionarle una “base” similar a Mises, fomentando la tradición de la economía austriaca en décadas en las que la reputación profesional de la Escuela estaba en su nivel más bajo. El artículo se centraba en parte en la contribución de la Fundación a la posterior reactivación de la economía austriaca en ese país. Esta nota complementa ese artículo, centrándome ahora en el carácter profundo y total, en el largo plazo, del impacto de esta obra magna de Mises: una obra que constituyó el ancla de todo lo que Mises escribiría con el auspicio de FEE y a la que, sin duda, se debe atribuir la reactivación de la economía austriaca.

El drama intelectual de La Acción Humana

El término “drama” podría parecer fuera de lugar respecto a un escrito serio sobre los fundamentos de una disciplina seria. Pero La Acción Humana no es una obra ordinaria. Es una obra que, en ese momento, fue considerada como escrita de una forma cruda e inflexible, que articulaba una visión particular del mundo y una comprensión particular de la economía, cuando se pensaba que esa visión del mundo y esa comprensión habían sido expulsadas definitivamente del escenario profesional. El libro fue desestimado rápidamente, y después ignorado, como el último resuello de una tradición intelectual agonizante. Pero aquella opinión estaba lamentablemente equivocada. La Acción Humana no fue simplemente una obra que presentó de nuevo las ideas de una tradición anterior. De hecho, debemos resaltar que el libro ofreció una revisión extraordinaria, una profundización espléndida del entendimiento de la Escuela Austriaca. Precisamente cuando la tradición de la economía austriaca era considerada por algunos virtualmente muerta, solo material para tratados de historia del pensamiento económico, la mera tradición produjo de manera brillante una fresca, nueva y fundamental interpretación de sus principios centrales. Seis décadas después podemos observar cómo la revisión y reinterpretación de Mises inspiró el resurgimiento de un serio interés académico y en el campo educativo sobre la economía austriaca. Visto desde esta perspectiva, la publicación en 1949 de La Acción Humana debe sin duda ser reconocida como un acontecimiento trascendente en la historia de la economía.

El declive de la economía austriaca, 1932–1945

A finales de la década de los 30, la Escuela de Economía de Austria fue reconocida en el continente europeo, en el Reino Unido y en Estados Unidos como un componente importante de la economía académica contemporánea. En ese tiempo, para los jóvenes académicos de Estados Unidos visitar las academias europeas –lo cual implicaba una invitación para presentar sus trabajos en un seminario en la Universidad de Viena– constituía un logro profesional muy apreciado. En 1932, Lionel Robbins, el economista más prominente de la Universidad de Londres, publicó en Gran Bretaña Un Ensayo sobre la naturaleza y significación de la ciencia económica, trabajo rebosante de ideas y de citas que el autor había seleccionado de la literatura austriaca en sus visitas a Viena. Ese mismo año, Robbins invitó al joven y brillante Friedrich Hayek –colega muy cercano a Mises y protegido del mismo– a incorporarse a la Facultad de Londres en un cátedra prestigiosa. La aparición de Hayek en la escena académica británica tuvo un gran impacto en la discusión de aquella economía, especialmente en relación con la teoría del capital y del dinero.

Sin embargo, solo unos pocos años después parecía que el éxito se había evaporado. Los avances de la teoría económica en los años treinta –relacionados en particular con la obra de Piero Sraffa y John Maynard Keynes, las teorías de competencia imperfecta y monopolística, las teorías de la economía socialista y los sofisticados avances en economía matemática– parecían haber dejado muy atrás a los austriacos. También parecían haber sido derrotados por Keynes –respecto a asuntos macroeconómicos–, por Frank Knight –respecto a la teoría del capital– y por Oskar Lange y Abba Lerner –en cuanto a la posibilidad de planificación económica socialista eficiente–, y haber fallado en mantener el paso con entusiastas desarrollos en la teoría del bienestar, la econometría y la economía matemática. La dispersión física del círculo de economistas vieneses que habían asistido al famoso privatseminar (seminario privado) de Mises, ocasionada por la confusión política de ese tiempo, ciertamente contribuyó a fomentar la impresión de que la tradición vienesa no era ya un componente vivo del pensamiento económico moderno. (El propio Mises había dejado Viena por Ginebra en 1934). Aunque en 1940 Mises publicó en Ginebra Nationalökonomie y en 1941 Hayek publicó La teoría pura del capital, en el campo económico prácticamente no se prestaba atención a estas obras. A finales de la Segunda Guerra Mundial, con Mises como refugiado en Nueva York, sin tener todavía una posición académica regular, el panorama ante el futuro de la tradición de Manger-Böhm-Bawerk parecía verdaderamente sombrío.

Puede discutirse, además, que ciertos aspectos de los acontecimientos ante la teoría económica dominante durante los años treinta –pese a la distancia general entre sus ideas centrales y el camino de la teoría austriaca– bien pudieron haber parecido minar el caso para una presencia austriaca distintiva [¿…?]. En sus primeros años, la Escuela Austriaca se había distinguido por su desafío vanguardista ante el predominio de la German Historical School –una escuela alemana de historia–. Pero en la década de los 30, esa guerra, en nombre de la legitimidad de la teoría económica abstracta, había sido ganada definitivamente. Todas las escuelas principales del pensamiento económico europeo estaban del lado de los austriacos respecto al papel de la teoría pura. En 1932, el propio Mises había escrito que, con este fin, todas las escuelas de pensamiento económico "modernas" se adhirieran al mismo conjunto de principios económicos, aunque en distintos idiomas y distintos modos de presentación. Parece claro que en 1932 el propio Mises no había reconocido aún –y luego sería indiscutiblemente obvia– la brecha que separaba la corriente angloamericana dominante de la economía que el propio Mises identificó con la tradición austriaca. Por lo tanto, una gran cantidad de discípulos de Mises –incluyendo, quizás, a Fritz Machlup, Gottfried Haberler y Paul Rosenstein-Rodan– podrían ser excusados por pensar que lo que era importante para la tradición austriaca era entonces –la década de los treinta– bien aceptado en la corriente económica dominante. Estos austriacos llegaron a creer que no había ganancia intelectual que obtener insistiendo en la distinción de la etiqueta austriaca.

El debate del cálculo socialista y la revolución Mises-Hayek

Incluso si el escenario posterior inmediato a la Segunda Guerra Mundial hubiera parecido completamente inhóspito para una economía austriaca diferente, tanto Mises como Hayek avanzaban, de hecho, independientemente, pero por caminos paralelos, hacia una reinterpretación revolucionaria de su herencia intelectual. (Esta nota se centra, desde luego, en la obra clásica de Mises de 1949. Pero sería un grave error no mencionar que el “drama” que hemos observado en la aparición del libro de Mises tuvo su paralelo en la presentación del volumen de los ensayos de Hayek, de 1948-49, Individualismo y orden económico. He discutido la complementariedad de esas dos contribuciones en “Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek: La extensión moderna del subjetivismo austriaco”, que se volvió a publicar, como capítulo 7, en mi libro El significado del proceso de mercado: ensayos sobre el desarrollo de la economía austriaca moderna).

Parece razonable creer que el “debate del cálculo económico socialista”, que surgió con tanta fuerza en la década previa a la guerra, había inducido a las revisiones revolucionarias en su comprensión de los mercados. La aceptación desprovista de sentido crítico por parte de la profesión económica de la tesis Lange-Lerner –que plantea que los socialistas pueden planificar eficientemente, diseñando su plan después de condiciones generales de equilibrio, postulado por los teorizadores de la corriente dominante como sistemas de mercado competitivos gobernantes– [¿…?] enseñó a Mises y a Hayek que su propia forma de entender cómo funcionan los mercados difería fundamentalmente de la forma como lo entendían sus colegas neoclásicos. Mises concretamente se percató entonces de que los teorizadores neoclásicos dominantes no se adhieren a la misma comprensión de los principios económicos que gobiernan los mercados a los que se adhieren los economistas austriacos (o, en ese punto, él mismo).

Mises escribió La Acción Humana para articular con suma convicción su renuencia a aceptar esa interpretación neoclásica dominante sobre cómo funcionan los mercados. La Acción Humana fue una declaración desafiante de la independencia teórica; una declaración en la que se deletreaba explícitamente lo que hasta entonces –al menos desde el punto de vista de Mises– había estado implícito en la teoría de mercado neoclásica temprana, y en particular en la austriaca. (Ver Perfect Competition and the Transformation of Economics de Frank M. Machovec). Esta articulación explícita constituyó una profundización y ampliación revolucionaria de la teoría austriaca existente. Que haya llegado a inspirar la reactivación de la economía austriaca a finales del siglo XX, aunque se ignorara y fuera rechazada cuando se publicó por primera vez, es en gran parte lo que constituyó a la publicación de La Acción Humana en un episodio intelectual extraordinario.

El proceso del mercado frente al equilibrio del mercado

Lo que el debate socialista del cálculo económico le enseñó a Mises, a mi parecer, es que, para promover la comprensión económica de lo que el sistema de mercado logra, es necesario reemplazar el énfasis que se pone en la información sobre los patrones de equilibrio del mercado alcanzable por el énfasis que debe ponerse en el carácter de los procesos de equilibrio. (Más información a favor de esta postura en Rivalry and Central Planning: The Socialist Calculation, de Don Lavoie).

Este último énfasis revela el carácter esencialmente empresarial del proceso de mercado y subraya el papel de la competencia dinámica –opuesta al estado de la llamada "competencia perfecta"– en este proceso empresarial. (En la obra de Hayek se mencionó un cambio paralelo del énfasis: es decir, un reemplazo de un mundo de conocimiento mutuo perfecto, pero imaginario, por un mundo en el que el proceso de "aprendizaje" sobre el mercado tiende a ampliar continuamente el alcance del conocimiento mutuo. Este proceso, por supuesto, está sujeto a interrupciones continuas, generadas por cambios exógenos en los patrones de la demanda, la disponibilidad de recursos, y así sucesivamente). Quienes creían que los planificadores centrales podrían emular la eficiencia del mercado habían rechazado, según Mises, los procesos sutiles del descubrimiento empresarial, por medio del cual se puede postular cualquier tendencia sistemática hacia el equilibrio del mercado.

Al centrarse en el proceso empresarial, que funciona en los mercados sin los obstáculos puestos por el Gobierno a la entrada competitiva en los mismos, Mises ofreció mucho más que una reinterpretación de la teoría del precio tradicional. Su entendimiento proporcionó una comprensión brillante y nueva del significado de competencia del mercado y, por lo tanto, también una perspectiva revolucionaria de la teoría del monopolio. La comprensión de Mises respecto al proceso del mercado significaba no solo el rechazo de la ortodoxia dominante en la teoría socialista, sino también otras implicaciones de gran alcance para la teoría de políticas antimonopolio y, de forma más general, para las reguladoras teorías políticas gubernamentales.

Durante muchos años, este nuevo énfasis en la economía austriaca-misesiana fue completamente ignorado. La atención profesional durante la década inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial no se centró en la formulación precisa de los fundamentos microeconómicos, sino en la medida en que la microeconomía debe, en el mundo real, ser sustituida, como un asunto práctico, por consideraciones macroeconómicas keynesianas. Además, la sofisticación cada vez mayor de la economía matemática y sus aplicaciones en la elaboración de la ambiciosa iniciativa teórica del equilibrio general de Walras hacen que las ideas de Mises parezcan anticuadas, elementales y hasta primitivas. Como es bien sabido ahora, fueron décadas –que se extienden desde después de la publicación, en 1921, de riesgo, incertidumbre y beneficio, de Knight, hasta la obra pionera de William Baumol, casi medio siglo después, cuando cobró vigor nuevamente el rol empresarial– en las que la teoría económica dominante casi perdió de vista al empresario.

El drama de la reactivación austriaca

Pero la gran obra de Mises no estaba destinada a ser enterrada por siempre en un silencio ensordecedor. En las décadas de los sesenta y setenta, estudiantes y académicos más jóvenes estaban empezando a descubrirla y a reconocer la brillante frescura de sus ideas. Los profesionales de la economía –o por lo menos algunos de los estudiantes de posgrado más audaces y con mentalidad más independiente– empezaban en ese momento a tomar nota y a reconocer la irrelevancia atrofiante de mucho de lo que se enseñaba en los principales departamentos de posgrado. La caída de la economía keynesiana durante las últimas décadas del siglo centró la renovada atención de tales profesionales y estudiantes en los fundamentos de la microeconomía. Más y más académicos jóvenes volvieron a descubrir en La Acción Humana ideas que les permitieron hallarle sentido al complejo mundo que la ciencia económica, supuestamente, debe ayudarnos a comprender. La caída de la Unión Soviética concentró la atención en verdades profundas sobre el socialismo que deberían tomarse de los fundamentos de Mises. Esa caída enseñó a muchos que la línea de pensamiento dominante de la profesión, que durante décadas había defendido la posibilidad de una eficiencia económica socialista y descartado desdeñosamente a los que habían desafiado esa posibilidad, era simple y vergonzosamente equivocada.

La modesta reactivación del interés por la tradición de la economía austriaca en las últimas cuatro décadas ha puesto de relieve, en mi opinión, el drama inherente a la primera publicación de La Acción Humana. Esta obra fue el valiente manifiesto de un académico con una integridad incorruptible, que, cerca ya de cumplir los 70 años, contribuyó con la brillante y fresca articulación de verdades económicas. Que ese trabajo fuera ignorado por décadas y que solo posteriormente obtuviera reconocimiento (aunque modesto) añade al drama intelectual de este episodio el desarrollo del pensamiento económico en el siglo XX. La especulación sobre la influencia futura de una obra tan impresionante solamente aumenta el entusiasmo suscitado por su aparición y su contenido.


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